Hace pocos meses, en mayo si no mal recuerdo, habían salido convocatorias para las universidades. En el estado donde yo vivo, pocas son las universidades públicas que contaban con la carrera que yo pretendo estudiar, aunque era el caso contrario de las universidades privadas que aquí hay.
En ese entonces eran dos las universidades que podía contemplar, públicas claro está, pero había algo que me hacía dudar de una. Aquella se encuentra en el municipio donde yo vivo, esa era una ventaja, era muy grande y por ende espaciosa, y había algo que me llamaba la atención de ahí: contaban con varios, demasiados, paneles solares. Es agradable el aire que se respira ahí, pero había más que sólo esos puntos para considerarla como una buena opción.
Esa universidad es muy menospreciada aquí, creo que no ven a los egresados de ahí como gente competente y eso era algo que me asustaba. Sabía esto por mi madre. Y ella sabía esto por anécdotas que le contaban los mismos egresados de ahí porque muchas veces pasaban por problemas para conseguir trabajo. Lo único que pensaba era que estaba cerca y así podría ahorrarle a mi madre el dinero del transporte público. Pero a la vez tenía miedo de lo que podría pasar cuando intentara buscar trabajo una vez egresada.
Por eso, descarté sin más esa opción. De todas formas, para cuando había pensado bien las cosas, las fechas para obtener una ficha ya habían pasado. Gracioso
.
Me aferré a mi primera, y por lo visto, única opción que me restaba.
Aquella única opción se encuentra en otro municipio, no tan lejos aunque sí a una hora de distancia. Saqué una ficha y días después fui a entregar papeles a la división que se encuentra en capital para tramitar mi pase al examen de admisión, esa división es como la sede de la universidad.
Un mes después fue el examen.
Estudié una semana antes, y para ser honesta me esforcé sólo dos días antes. Aunque a veces pienso que en realidad sólo fue uno y no dos como pienso. Ese día había un autobús especial en la terminal que nos llevaría hasta el lugar donde se llevaría a cabo el examen. Llegué poco antes de las siete, hacía frío, nos formaron en filas dependiendo de la división a la que aplicamos y una hora después, entramos al establecimiento. Fui de las primeras en mi división pero como eran tantos los alumnos que ahí habían, esperé cerca de dos horas más en lo que le entregaban su examen a todos y en lo que los acomodaban. Si mal recuerdo, fueron alrededor de 13 000 personas que aplicamos para un lugar en esa universidad pero sólo lograban pasar cerca de 8 000. Es muy reconocida y por si fuera poco, entre las mejores universidades de todo el país, esta se encuentra en el puesto número veinte. Cualquiera podría darse cuenta que es un poco complicado entrar si sabe que es la mejor del estado.
Dos exámenes. Tres horas para el examen de admisión de 112 preguntas y una hora y media para el examen diagnóstico de 90 preguntas. Podría parecer ilógico al principio. Para mi lo fue. Constantemente revisaba mi reloj para calcular el tiempo, tenía miedo de necesitar más de una hora y media para contestar el examen diagnóstico. Pero ¿por qué dos? bueno, en el primero veía lo básico: pensamiento matemático y analítico, estructura de la lengua y comprensión lectora. Y ¿el diagnóstico? dos de las materias eran referentes a la carrera para la que estás aplicando, por mi parte hubo: química y física, además de inglés y lenguaje escrito aunque estas últimas eran en general.
Una vez terminado el tiempo te daban indicaciones sobre no olvidar rellenar la hoja de respuestas con todos nuestros datos y seguido de eso, te levantabas y te formabas en la fila para salir. Recuerdo que hubo una pregunta de química en la cual me confundí y la fui respondiendo mientras me encontraba en mi fila, era sobre balancear una reacción química. Ya saben, misma cantidad de la parte de reactivos y misma cantidad de la parte de productos.
Delante mío había una chica que seguía respondiendo su examen, vi el número de la pregunta en la que estaba y conté por medio del mío. Dios, iba por media parte de inglés y apenas le faltaba la parte de lenguaje escrito. Incluso me alteré más yo que ella misma. No creía que no pudiera resolverlo pero en la parte de inglés eran textos largos donde había que prestar atención y con una muchacha cerca encargada de observar que nadie siga resolviendo el examen, claro que era un poco complicado. Cuando ya había llegado hasta el final, no noté si aquella chica terminó su examen. Le deseé suerte por alguna razón y salí.
Estuve calmada. Me imaginé aquel momento muchas veces y sólo me veía llorando una vez terminado ese examen. Tenía miedo. Mucho. Esperar un año no era una idea muy agradable, y tengo poco tiempo. La carrera que quiero es corta, se supone que saldré cuando tenga 22 años y según mis planes, tendría tres años para hacerme de algún trabajo y con suerte, de algo de dinero para los 25. Incluso justo ahora me suena ridículo, pero sí, ese es mi plan. No es un plan para hacerme alguien adinerada, de momento sólo quiero salir lo más pronto posible de este estado. Tal vez uno frío. Tal vez.
Un mes después, hace tres días, podías revisar tus resultados en el sitio web de la universidad. Aceptado. Rechazado. Sentí miedo otra vez. Era más de medianoche y estaba sola. Mi madre se encontraba en una fiesta. Lloré. No sé si de pánico, miedo, odio o de felicidad. Se leía Aceptado en la pantalla del celular y justo en ese momento pasaron tantas cosas en mi cabeza. Mi madre me llamó para decirme que ya podía revisar mis resultados y una vez que le dije cual era, me felicitó. Por llamada. Me enojé tanto con ella, aunque creo que quizás en otro momento deba explicar porqué.
Sigo con miedo. Puedo hartar a la gente diciendo eso pero, ahora lo que pienso es si seré buena para la universidad. Sé que el momento de hacerme esas preguntas ya pasó y que ahora estoy dentro. No quiero hacerme una idea de como será esta etapa, pero sí quiero que sea buena, quizás la única buena que tenga. Quiero ser diferente porque no me gusta mi yo actual, quizás lo logre o quizás no. No me preocupo tanto por eso.
Mañana es la graduación en el plantel, es cuando nos entregan nuestros papeles de egresados y arrojamos el birrete el aire porque anunciamos que esta maldita etapa ha concluido y que empezamos otra nueva. No tengo amigos con mi grupo actual, y digo actual porque cambiamos dos veces de grupo en estos tres años, pero tengo algunos amigos y compañeros de mi primer año aquí. Me gustaría despedirme de algunos cuantos porque sé que compartí muchos momentos con aquellas personas. Creo que mi ex novio asistirá a la graduación, aunque vive en otro estado, estará aquí por sus amigos que también son los míos. Sé que verlo aquí me traerá recuerdos y a la vez sé que a él no. Quizás eso me ayude a dejar esto.
Después de un tiempo vuelvo a sentir esa nostalgia de hace tres años y, por alguna razón, me gusta.
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